martes 19 de mayo de 2009

Placenteros malos pensamientos


Acostada en su cama en la noche, los pensamientos empiezan a aflorar, esta vez no le rezaste al Señor todopoderoso, esta vez te escondes de él ya que en tu mente está aquel hombre de tus sueños. Toda tu doctrina religiosa te dice lo contrario, pero este hombre te dice:



- ¿Y qué pasa si te toco por aquí? – y tu extremidad derecha baja lentamente, mientras la otra acaricia tus pechos.


- ¿Y qué pasa si la manito soba por este ladito? – tu mano tiembla mientras vacilas si cruzar el umbral que separa el bien del mal.


- ¿Y qué pasa si bajamos un poco esto que estorba? ¿otro poco, otro, otro, otro? – al final te sacas lo que ya está demás, la moral ya la tiraste a la basura, o más bien ella subió y se alejó de ti.



Juegas, juegas creyendo que es él el que te acaricia, el que te hace cosas sucias.


- ¿Y qué pasa si las abro y me encaramo por acá? – el príncipe azul ya está consumando lo que tu siempre has querido hacer pero lo reniegas, lo que has esperado durante quizá años, esa concupiscencia que es deliciosa, ese fruto del cual no te desprenderías nunca.



Acostada. La moral allá arriba bien lejos, y de las alturas se deja caer con todo el peso del remordimiento, de la conciencia de pecado, de lo malo, de la humillación en la que has caído, de lo vulgar. Se te vienen los recuerdos de cuando le hablas y enseñas a los jóvenes de tu comunidad religiosa, cuando algunas veces predicas, cuando incluso le cantas al Todopoderoso. Vergüenza te da pedir perdón, angustia y ganas de no haber hecho eso jamás. Es ahora el príncipe de tus sueños el que se desvanece de a poco, se difumina mientras te arrepientes por catalogarlo como la aberración misma tu acto. Sin embargo lo que haces es guardar en un rinconcito a ese hombre que tanto anhelas, en alguna esquina de tu memoria para cuando lo necesites. El pecado vuelve, sobretodo cuando más allá de pecado en sí es necesidad. Esa necesidad que la catalogas de sucia y aberrante, lasciva, lujuriosa, libidinosa. Pero está ahí, y la disfrutas y cuando lo imaginas ardes y te sientes en el paroxismo mismo. Qué dicotomía, qué ambivalencia esta de disfrutar algo para luego encontrarlo lo más vil del mundo.



3 Reverencias:

  1. "El pecado vuelve, sobretodo cuando más allá de pecado en sí es necesidad". Hermoso...

    Necesidad placentera y mía, tuya y de todos. Necesidad que te vuelve pecador al tacto, al sonido y al sentido.


    Besos.

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  2. saludos..hice el blog al final!!!

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  3. llegue solo por casualidad y me encuentro con que mi primera vez ha sido narrada mejor por otra persona que por mi misma... rica sorpresa

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