
Es la séptima vez en la semana que me paseo en frente de la tienda Monarch, luego terminar mi jornada laboral y cerrar el cyber-café; no me puedo de dejar de sentir un completo imbécil, por que lógicamente todo está cerrado a esa hora (todos los puestos cierran a la misma) y no es muy frecuente ver a una persona vitriniando en un local comercial con todas sus tiendas cerradas. Imbécil y todo, miro entre los esbeltos maniquies con boxers apretados y sostenes de encajes, intentando encontrarla. Aún no me atrevo a entrar a la tienda.
Hace un tiempo se apareció por el local preguntando cuanto costaba fotocopiar una plana de un libro de ventas, el que para mi sorpresa no tenía el tamaño estandar que uno pueda imaginar: era horripilantemente grande. Igualmente, y con tal que no se fuera, me ofrecí a fotocopiarlo. Luego de un primer intento funesto, al segundo quedó satisfecha y se marchó. Me cayó muy bien; me sentí en mucha confianza a pesar de que nunca la había visto. Estuve feliz por varias horas - dos quizás -, hasta que medité en que aún no sabía mucho de ella y que se podría esfumar para siempre en cualquier momento.
Hace un tiempo se apareció por el local preguntando cuanto costaba fotocopiar una plana de un libro de ventas, el que para mi sorpresa no tenía el tamaño estandar que uno pueda imaginar: era horripilantemente grande. Igualmente, y con tal que no se fuera, me ofrecí a fotocopiarlo. Luego de un primer intento funesto, al segundo quedó satisfecha y se marchó. Me cayó muy bien; me sentí en mucha confianza a pesar de que nunca la había visto. Estuve feliz por varias horas - dos quizás -, hasta que medité en que aún no sabía mucho de ella y que se podría esfumar para siempre en cualquier momento.
Todo me resulta completamente ilógico. Solo sé que quiere estudiar teatro y que trabaja en una tienda de ropa interior, lo que me basta para sentir una necesidad imperiosa de volver a verla; ni si quiera podría decir que estoy enamorado, pero me frustro enormemente cada vez que mis intentos de encontrarla fallan. Es más, sé que si espero un mes o dos la olvidaré y podré dormir tranquilo, pero justamente es eso lo que no quiero. Creo que bastan tan solo unas cuantas palabras más para que realmente me guste, unas tres o cuatro, que me asusta mucho la posibilidad de dejarla pasar como si nada. La buscaré, me me dejaré caer lo que llaman "impulsos", aún cuando me sienta un soberano estúpido... Puedo vivir con eso.
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