martes 21 de abril de 2009

Muerte


Suelo tener el inevitable temor a que el tiempo llegue a cumplir una de sus tareas fundamentales, el darnos cuenta que ha transcurrido lo suficiente como para verlo pasar a través de la muerte, y sé, como dice Drexler, que morir también es ley de vida. No sé si es la tradición cultural en la que estoy inmerso o qué, pero me aterra soltar la vida de mis seres queridos, sé que es mi instinto de pertenencia, pero hay culturas en que la cosa no es tan grave, incluso personas dentro de mi misma burbujita cultural se asemejan a éstas. En México para el día de los muertos una niñita puede comerse una figurita de chocolate con la apariencia de su abuelo o el ser querido que elija, y la cosa es más celebración, al menos en la tradición y el rito propio de aquello, y lo simbólico acontece en que esa niña toma de una manera mucho más cercana y sana la muerte, no es algo que se esconde y se evita, sino que es algo más alegórico y quizá hasta prístino que nuestro deteriorado ethos occidental u occidentalizado. Sufro de paranoia en este ámbito, me cuesta asumirla, y no quiero llegar a un proceso interno de encubrirla o derechamente negarla, no es sano y jamás lo será.

Las personas envejecen y es normal, los padres, uno mismo que a esta edad se cree inmortal muchas veces; y la inseguridad del futuro sin uno de ellos me descoloca, hay una frase de la canción Papá cantó de Pedro Guerra que me refuerza este sentir: me dejaste solo a la deriva sin la brújula que marca el porvenir, estas son las leyes de la vida siempre fue y ha sido así… y sé que me pasará eso, al menos en este futuro cercano, quizá toda la vida ya que uno nunca está preparado para la muerte de un ser querido, y eso es la inseguridad de los pasos, y sobre todo de los míos que soy un mamón y papón sin remedio. Lo único que me deja conforme es que los he disfrutado a concho y he tenido el privilegiazo de aquello.


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