Bueno, sí, soy un pobre frustrado que se dedica a buscar sonrisas pasadas para alimentar el hoy, soy el que no sabe cómo empezar a cruzar el río y busca las piedritas para no mojarse, así bien mariconamente. Soy el que recién ahora se dio cuenta que amó a alguien, después de diez años. A veces creo que recién ahora estoy descubriendo el mundo, o quizá todo lo contrario, quizá ahora recién me estoy empezando a descubrir a mí mismo… y pensar que me jactaba de conocerme hace mucho tiempo, ¡todo es basura! Ahora veo ese abismo, ahora veo ese abismo que se forma después del reír, tal como cantan los Cadillacs. Ahora es el momento de entender que lo pasado se puede arreglar, de que a pesar de pegarse mil veces en el pecho por lo que pude hacer y nunca hice no debe tomar el centro, ya que a pesar de que aún me afecta porque aún está ella más que como fantasma: real, hay que salir de lo lúgubre que es el pasado y las decisiones para tomar el aire suficiente y pisar firme, y así creer que puedo tener el mundo a mis pies, que se abren las flores y las nubes y que todo se vaya a la mierda a risotadas estrepitosas. El reír siempre fue el camuflaje perfecto, pero ahora lo tomo diferente, es simplemente el efecto del despegue y no la consecuencia de esconder algo. Parece mensaje esperanzador de esos que te hacen repetir “sí puedo”, pero es más que eso, es una de las cien mentiras que valen la pena para no matarse, como dice Sabina, es la fuerza que se interna en ti y se convierte en energía. Aunque tenga algo de verdad eso de que todo va cambiando, siempre hay un resto de mentira, uno se miente ya que siempre quiere ver las cosas más lindas, pero en fin, hay que darle pa´ lante. Tú sabes, la maldita vuelta a empezar.
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