domingo 22 de noviembre de 2009

Cunifosón




-Hola
(Se dio vuelta extrañado.)
-Hola, responde, sé que me escuchas.
(Vaciló nuevamente, ya un poco asustado.)
-Hey, aquí arriba, en tu cabeza.
(Sorprendido se llevó las manos a la cara, luego al pelo y la nuca, pero nada.)
-¡No tonto! Estoy dentro.
-¿Dentro?
-Si imbécil, estoy atrapado.
-¿Quién eres?
-Tú.
-¿Yo?
-Si, tú.
-No entiendo.
-¿Qué es lo que no entiendes?
-Como vas a ser yo, si estoy hablándote.
-¿De qué hablas? Yo soy tú.
-Me confundes.
-Tú te confundes solo. Confundes todo.
-¡Cállate! Ni siquiera me conoces.
-Te conozco mejor de lo que que tú te conoces, yo soy tú.
(Se quedó unos instantes en silencio meditando, le era difícil concentrarse en ese momento. No entendía nada, pero sobre todo le intrigaba conocer la procedencia de esa voz. Se mantuvo reflexivo un buen rato, dubitativo en sus propios pensamientos y finalmente llegó a la conclusión de que esa voz debía ser su imaginación.)
-Soy más que tu imaginación. -Escuchó nuevamente-
-¿De dónde vienes?
-De donde mismo que tú.
-Y, ¿Qué haces aquí?
-Hablo contigo.
-Osea que, según tú, estoy hablando solo.
-No digas estupideces, estás hablando conmigo.
-Pero según tú, tú eres yo, por lo tanto, estoy hablando conmigo mismo.
-Deja de enredar las cosas, estás hablando conmigo.
-¡Ah me perturbas! Quiero que te vayas.
-¿Cómo voy a irme, si yo soy tú?
-¡Cállate por favor!
-¡No quiero!
-¡Vete de aquí!
-No.
-¿¡Por qué me haces esto, que quieres de mi!?
-Lo mismo que tú.
-¿Y qué cosa sería?
-Ya lo sabes.
-No, no lo sé.
-Claro que no, nunca tienes claro que es lo que quieres.
-Y, ¿Tú si sabes lo que quiero?
-Yo se lo que yo quiero al menos.
-¿Qué cosa sería?
-Ya lo sabes.
-¿Lo sé?
-Si.
-A ver, dime qué es.
-¿Para qué? Si ya lo sabes.
-¿Sabes que creo? Que el perdido aquí eres tú.
-¿Yo?
-Si, tú. Tú eres quién no sabe quien es.
-Yo soy tú.
-No digas ridiculeces. Seguramente no tienes ni nombre.
-Me llamo Cunifosón.
-¡Ja! Que nombre mas extraño.
-Como tú.
-Cierra la boca.
-¿Cómo tú lo haces cuando enfrentas problemas?
-Déjame tranquilo, esos son asuntos míos.
-Y por lo tanto míos, yo soy tú recuerda.
-¿Ah si? Y entonces que solución me das.
-Ya lo sabes.
-¿Saber que?
-La solución a todos tus problemas, muy profundamente lo sabes.
-No todo lo que quisiera hacer es lo que realmente debiera hacer.
-Esto lo es.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque tú lo sabes.
-No estoy seguro.
-Nunca lo estás.
-¡Quieres dejar de repetírmelo por favor!
-Tú eres quien se lo repite.
-¿Qué quieres decir? Yo trato de dejar eso de lado y tú me lo recuerdas todo el tiempo.
-Tú te lo recuerdas, yo soy tú no te olvides.
-¿Entonces crees que debemos hacerlo?
-Si.
-¿Qué tan seguro estás?
-Segurísimo.
-No lo se.
-Si lo sabes, profundamente sabes que es lo mejor.
-Lo dices como si fuera tan fácil.
-No, es que tú lo haces sonar difícil.
-Está bien, lo haré.
-Lo haremos juntos.
-Espero que funcione.
-Funcionará.
-¿A la cuenta de tres?
-Ok.
-Uno
-Dos
-(Ambas voces juntas) ¡Tres!

A lo lejos, se vio una sombra descender rápidamente hasta chocar contra el suelo.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Ojo, las gorditas son agradecidas

Aún me acuerdo, caminaba junto con Ignacio por la orilla de la playa, la brisa era fresca y estábamos rodeados de minas ricas, era una de esas playas abc1. De repente se nos cruza una gordita y sale el tema a colación. Aldo, las gorditas son agradecidas, cuando les das la pasada ellas agradecen, te tratan como rey y te persiguen, díjome Ignacito con sus particulares gestos… ¡tate! Tiempo después lo supe. Todo partió un día en un bar con mucho alcohol a cuestas, a esa hora ya no había Metro, las micros hacia donde ella vivía, que era lejos, no eran las más seguras… a mi casa llegó a parar. Mi cama la compartía con una gordita que me tenía ganas, se me acurrucaba y me ponía su cara pegada a la mía, y bueno, terminamos a besos iban y venían. Mensajes por el face, por el msn, por mail, dejados en el celular. Mensajes de esos que uno no dejaría por pudor, mensajes agradecidos. En fin, la gordita tenía una idea fija en mente, tenerme a como de lugar, yo compartía eso de la idea fija, pero era la de escaparme a un bunker o lo más parecido a ello. Me costó ganarle a su insistencia, primera vez que me siento realmente asustado ya que la gordita se las traía, era porfiada como ella sola. Me buscaba por cielo mar y tierra, hasta que no la vi más. Toda la razón, querido amigo, las gorditas son agradecidas.

martes 19 de mayo de 2009

Placenteros malos pensamientos


Acostada en su cama en la noche, los pensamientos empiezan a aflorar, esta vez no le rezaste al Señor todopoderoso, esta vez te escondes de él ya que en tu mente está aquel hombre de tus sueños. Toda tu doctrina religiosa te dice lo contrario, pero este hombre te dice:



- ¿Y qué pasa si te toco por aquí? – y tu extremidad derecha baja lentamente, mientras la otra acaricia tus pechos.


- ¿Y qué pasa si la manito soba por este ladito? – tu mano tiembla mientras vacilas si cruzar el umbral que separa el bien del mal.


- ¿Y qué pasa si bajamos un poco esto que estorba? ¿otro poco, otro, otro, otro? – al final te sacas lo que ya está demás, la moral ya la tiraste a la basura, o más bien ella subió y se alejó de ti.



Juegas, juegas creyendo que es él el que te acaricia, el que te hace cosas sucias.


- ¿Y qué pasa si las abro y me encaramo por acá? – el príncipe azul ya está consumando lo que tu siempre has querido hacer pero lo reniegas, lo que has esperado durante quizá años, esa concupiscencia que es deliciosa, ese fruto del cual no te desprenderías nunca.



Acostada. La moral allá arriba bien lejos, y de las alturas se deja caer con todo el peso del remordimiento, de la conciencia de pecado, de lo malo, de la humillación en la que has caído, de lo vulgar. Se te vienen los recuerdos de cuando le hablas y enseñas a los jóvenes de tu comunidad religiosa, cuando algunas veces predicas, cuando incluso le cantas al Todopoderoso. Vergüenza te da pedir perdón, angustia y ganas de no haber hecho eso jamás. Es ahora el príncipe de tus sueños el que se desvanece de a poco, se difumina mientras te arrepientes por catalogarlo como la aberración misma tu acto. Sin embargo lo que haces es guardar en un rinconcito a ese hombre que tanto anhelas, en alguna esquina de tu memoria para cuando lo necesites. El pecado vuelve, sobretodo cuando más allá de pecado en sí es necesidad. Esa necesidad que la catalogas de sucia y aberrante, lasciva, lujuriosa, libidinosa. Pero está ahí, y la disfrutas y cuando lo imaginas ardes y te sientes en el paroxismo mismo. Qué dicotomía, qué ambivalencia esta de disfrutar algo para luego encontrarlo lo más vil del mundo.



martes 12 de mayo de 2009

Monarch Butterfly


Es la séptima vez en la semana que me paseo en frente de la tienda Monarch, luego terminar mi jornada laboral y cerrar el cyber-café; no me puedo de dejar de sentir un completo imbécil, por que lógicamente todo está cerrado a esa hora (todos los puestos cierran a la misma) y no es muy frecuente ver a una persona vitriniando en un local comercial con todas sus tiendas cerradas. Imbécil y todo, miro entre los esbeltos maniquies con boxers apretados y sostenes de encajes, intentando encontrarla. Aún no me atrevo a entrar a la tienda.

Hace un tiempo se apareció por el local preguntando cuanto costaba fotocopiar una plana de un libro de ventas, el que para mi sorpresa no tenía el tamaño estandar que uno pueda imaginar: era horripilantemente grande. Igualmente, y con tal que no se fuera, me ofrecí a fotocopiarlo. Luego de un primer intento funesto, al segundo quedó satisfecha y se marchó. Me cayó muy bien; me sentí en mucha confianza a pesar de que nunca la había visto. Estuve feliz por varias horas - dos quizás -, hasta que medité en que aún no sabía mucho de ella y que se podría esfumar para siempre en cualquier momento.

Todo me resulta completamente ilógico. Solo sé que quiere estudiar teatro y que trabaja en una tienda de ropa interior, lo que me basta para sentir una necesidad imperiosa de volver a verla; ni si quiera podría decir que estoy enamorado, pero me frustro enormemente cada vez que mis intentos de encontrarla fallan. Es más, sé que si espero un mes o dos la olvidaré y podré dormir tranquilo, pero justamente es eso lo que no quiero. Creo que bastan tan solo unas cuantas palabras más para que realmente me guste, unas tres o cuatro, que me asusta mucho la posibilidad de dejarla pasar como si nada. La buscaré, me me dejaré caer lo que llaman "impulsos", aún cuando me sienta un soberano estúpido... Puedo vivir con eso.

lunes 4 de mayo de 2009

El último gesto

Y fue una respiración exagerada, profunda y rápida dentro de un ascensor de la Pontificia Universidad Católica. Irónica, satírica, sarcástica, una respiración con puchero humorísticamente fatal, llena de dudas, de pisotear un pasado que bajo la capa de mierda seca que llevaba que nunca pudimos sacar había tesoritos, había un núcleo que jamás se rompió, y quizá sea un sustrato que quedará como la marca que un patrón de fundo le hace a un novillo. Esa respiración que siempre fue motivo de risa, siempre la hacíamos a punto de estallar de risa, esta vez con los ojos llenos de lágrimas y con el corazón abatido y pidiendo descanso por un buen tiempo.


Hoy miro atrás, hoy miro esa cara que llevabas puesta que me clava ya que lo triste trae una punta de lanza que lo penetra todo, y son cosas que no se borran; las emociones fuertes siempre quedan flotando por ahí. Te daba pena, y a mí debajo de esa expresión impávida, con cortocircuitos en la emociones, debajo de todo ello igualmente. Saliste del estrecho ascensor y entraste en la sala de clases. De ahí no supe mucho más. Caminé con mi soledad, aún sin la capacidad de sentir algo concreto, pero sí con las ganas de querer escapar fuera del umbral de aquel lúgubre presente y futuro cercano. Pensando que todo sería mejor, y quizá lo es, pero con ese sustrato que es un tesorito, psicológicamente anormal tesorito. Un núcleo, en el que se dan los sincretismos de vida alrededor de él, una complicidad que quizá cuándo acabe.




jueves 23 de abril de 2009

Padre e hijo.


-Ignacio, hoy tu padre cumpliría cincuenta y seis años-

-Como es la vida...-

-¿Por qué?-

- No lo recordaba-

martes 21 de abril de 2009

Exhortación Nº2 del Abuelo *

Mire mocosito del pelo largo, déjeme soñar lo que ya no soy capaz de hacer, ¿no se da cuenta de que un viejo de lo único que puede vivir es de sus recuerdos y sus sueños? Usted es vital, a pesar de ser un tonto grave puede encamarse con fulanita, menganita y sultanita si lo desea, ¡es sólo cuestión de actitud!, en estos días lo único que puedo hacer es pasear por los mall, desear y soñar ser deseado, aunque sea con cosas inanimadas como un maniquí. Le contaré una intimidad: lo peor de este asunto es que no logro tener acción, el aparato a esta edad no funciona, el manguaco sólo sirve para mear. Usted es vital y jovial, no sea tonto grave y póngale entusiasmo a la vida. El color de la vida de torna vívido cuando uno se encama con hartas lolitas, así alimenta su ego y sus sueños con acción, no sea amermelado y aproveche, aproveche mientras pueda. Como ve yo ya no puedo y solo deseo, usted puede dar el paso crucial próximo al deseo: concretarlo, hacerlo palpante y sonante. Así que no me venga con cosas de moral barata de religioso de cuneta. ¡Viva!, se lo dice un viejo que ya viene de vuelta hace rato, si no fuera por mis mil y una historia no estaría soñando con un maniquí ya que no tendría con qué asociarlo; que no le pase lo mismo. Es impajaritable que se escabulla de las chiquillas, ya sabe bien que es lo que quieren ellas de usted.

Saludos Joven.


* A propósito del escrito Viejo