
-Hola
Un espacio didáctico

Acostada en su cama en la noche, los pensamientos empiezan a aflorar, esta vez no le rezaste al Señor todopoderoso, esta vez te escondes de él ya que en tu mente está aquel hombre de tus sueños. Toda tu doctrina religiosa te dice lo contrario, pero este hombre te dice:
- ¿Y qué pasa si te toco por aquí? – y tu extremidad derecha baja lentamente, mientras la otra acaricia tus pechos.
- ¿Y qué pasa si la manito soba por este ladito? – tu mano tiembla mientras vacilas si cruzar el umbral que separa el bien del mal.
- ¿Y qué pasa si bajamos un poco esto que estorba? ¿otro poco, otro, otro, otro? – al final te sacas lo que ya está demás, la moral ya la tiraste a la basura, o más bien ella subió y se alejó de ti.
Juegas, juegas creyendo que es él el que te acaricia, el que te hace cosas sucias.
- ¿Y qué pasa si las abro y me encaramo por acá? – el príncipe azul ya está consumando lo que tu siempre has querido hacer pero lo reniegas, lo que has esperado durante quizá años, esa concupiscencia que es deliciosa, ese fruto del cual no te desprenderías nunca.
Acostada. La moral allá arriba bien lejos, y de las alturas se deja caer con todo el peso del remordimiento, de la conciencia de pecado, de lo malo, de la humillación en la que has caído, de lo vulgar. Se te vienen los recuerdos de cuando le hablas y enseñas a los jóvenes de tu comunidad religiosa, cuando algunas veces predicas, cuando incluso le cantas al Todopoderoso. Vergüenza te da pedir perdón, angustia y ganas de no haber hecho eso jamás. Es ahora el príncipe de tus sueños el que se desvanece de a poco, se difumina mientras te arrepientes por catalogarlo como la aberración misma tu acto. Sin embargo lo que haces es guardar en un rinconcito a ese hombre que tanto anhelas, en alguna esquina de tu memoria para cuando lo necesites. El pecado vuelve, sobretodo cuando más allá de pecado en sí es necesidad. Esa necesidad que la catalogas de sucia y aberrante, lasciva, lujuriosa, libidinosa. Pero está ahí, y la disfrutas y cuando lo imaginas ardes y te sientes en el paroxismo mismo. Qué dicotomía, qué ambivalencia esta de disfrutar algo para luego encontrarlo lo más vil del mundo.


Y fue una respiración exagerada, profunda y rápida dentro de un ascensor de
Hoy miro atrás, hoy miro esa cara que llevabas puesta que me clava ya que lo triste trae una punta de lanza que lo penetra todo, y son cosas que no se borran; las emociones fuertes siempre quedan flotando por ahí. Te daba pena, y a mí debajo de esa expresión impávida, con cortocircuitos en la emociones, debajo de todo ello igualmente. Saliste del estrecho ascensor y entraste en la sala de clases. De ahí no supe mucho más. Caminé con mi soledad, aún sin la capacidad de sentir algo concreto, pero sí con las ganas de querer escapar fuera del umbral de aquel lúgubre presente y futuro cercano. Pensando que todo sería mejor, y quizá lo es, pero con ese sustrato que es un tesorito, psicológicamente anormal tesorito. Un núcleo, en el que se dan los sincretismos de vida alrededor de él, una complicidad que quizá cuándo acabe.

-Ignacio, hoy tu padre cumpliría cincuenta y seis años-
-Como es la vida...-
-¿Por qué?-
- No lo recordaba-
Mire mocosito del pelo largo, déjeme soñar lo que ya no soy capaz de hacer, ¿no se da cuenta de que un viejo de lo único que puede vivir es de sus recuerdos y sus sueños? Usted es vital, a pesar de ser un tonto grave puede encamarse con fulanita, menganita y sultanita si lo desea, ¡es sólo cuestión de actitud!, en estos días lo único que puedo hacer es pasear por los mall, desear y soñar ser deseado, aunque sea con cosas inanimadas como un maniquí. Le contaré una intimidad: lo peor de este asunto es que no logro tener acción, el aparato a esta edad no funciona, el manguaco sólo sirve para mear. Usted es vital y jovial, no sea tonto grave y póngale entusiasmo a la vida. El color de la vida de torna vívido cuando uno se encama con hartas lolitas, así alimenta su ego y sus sueños con acción, no sea amermelado y aproveche, aproveche mientras pueda. Como ve yo ya no puedo y solo deseo, usted puede dar el paso crucial próximo al deseo: concretarlo, hacerlo palpante y sonante. Así que no me venga con cosas de moral barata de religioso de cuneta. ¡Viva!, se lo dice un viejo que ya viene de vuelta hace rato, si no fuera por mis mil y una historia no estaría soñando con un maniquí ya que no tendría con qué asociarlo; que no le pase lo mismo. Es impajaritable que se escabulla de las chiquillas, ya sabe bien que es lo que quieren ellas de usted.
Saludos Joven.
* A propósito del escrito Viejo